De cómo conocí a King Turner y nos hicimos amigos
En 1999 estábamos preparando una exposición del maestro ceramista y buen amigo Manuel Fernández Quintana.
Para el díptico que se editó por ese motivo, escribí un pequeño texto, una reflexión a cerca de lo que allí se exponía y en general de la filosofía de la Escuela de Cerámica que dirige Manuel.
Por razones que no vienen a cuento, de aquella yo no podía o no debía firmar ese texto. Entonces apareció él.
Llevaba el pelo largo. Era rubio y alto, con una tez bronceada y aspecto de trotamundos. Escuchó la conversación, le gustó el texto y, antes de presentarse, dijo: Lo firmo yo.
Le miramos y respondimos: De acuerdo.
Así entra en mi vida King Turner, escritor y periodista neozelandés, de madre española y padre sueco. Viajero incansable que había llegado a España, en parte para conocer la tierra de su madre, en parte por la curiosidad que en él despertaron las referencias de Hemingway. Como a mí, le gustaban las piezas de Manuel Fernández Quintana, y además estuvo conforme con el texto que escuchó. Esa fue la primera vez que le vi y aquel texto el primero mío que apareció con su firma.
Desde entonces mantenemos una agradable relación de amistad y cuando leyó el manuscrito de Mal momento me dijo que quería escribir las palabras que habrían de aparecer en la contracubierta del libro. Yo encantado y agradecido le dije que estaba de acuerdo. Y ahí están.
© Manuel López Rey
Publicado en INéDITO el 21 de agosto de 2009
Génesis del libro Mal momento
Durante algunos años escribí cuentos. Es un género que me gusta porque le va bien a mi carácter. El cuento no precisa de un tiempo demasiado largo para ser escrito, otra cosa es su corrección. Pero escribir y corregir son asuntos bien distintos. El cuento, como el poema, es un latigazo, una inmersión repentina, un relámpago. La novela por el contrario es una paliza, una travesía, una tormenta; y un verdadero tormento mantenerse en ella durante los largos meses que requiere. Una esclavitud. Toda escritura lo es, pero la de la novela supone un encarcelamiento largo y duro. El cuento, en cambio, para mí, es como mucho una semana de dulce calabozo. Dulce porque el cuento ya nació en las primeras horas. Luego, dos o tres días de reposo, y si aún está ahí, a corregir, a cortar, a tirar palabras a la papelera espacial.
Un día me propuse reunir algunos de esos cuentos. Necesitaba antes que nada encontrar el nexo que otorgara sentido a la selección. No fue dificil. El nexo, lo común a todos ellos, estaba siempre en la historia oculta, y es que en todo lo que escribo aparece casi siempre la misma: la historia del hombre enfrentado a los designios del tiempo; el destino como trampa; el acercamiento al lado más oscuro y profundo de la naturaleza humana, para encontrarme allí con el guión vital que acompaña a todo hombre haciendo que se pase la vida esforzándose en cumplirlo; esforzándose en cumplir un destino que cree que le pertenece. No sabe, o lo sabe pocas veces, que ese guión es heredado, que en realidad no le pertenece, que por tanto no ha de obedecer su mandato. Hay una vida nueva que construir; él es la nueva vida: no precisa de ningún guión para vivirla. Todo lo que necesita está en él desde el principio. Sólo es necesario desaprender, librarse y liberarse, asumir como individuo de una vez y para siempre la responsabilidad de vivir: sólo así aparece la persona. Hasta entonces el hombre no es más, ni menos, que un ejemplar de la especie humana. Y esto está en todo lo que escribo.
Cuando lo advertí, ya tenía el hilo que entrelazaba los cuentos; ya tenía un sentido la selección. Pero entonces aparecieron problemas formales. En este sentido confieso que no me agradan, aunque entre ellos puedan encontrarse cuentos extraordinarios, los libros que reúnen relatos atendiendo a su aspecto formal; no me gustan porque me aburren. Esos libros de cuentos en los que es indiferente comenzar la lectura por cualquiera de ellos, que importa poco la página que nos dispongamos a leer: siempre la misma voz que cuenta; siempre el mismo tono, el mismo ritmo; y por si fuera poco, el mismo o similar escenario, siempre el mismo ambiente, y siempre parecidos personajes, o personajes relacionados entre sí, o a un lugar y a un tiempo comunes.
No quería que Mal momento fuera eso. Al contrario, era imprescindible que cada cuento tuviera una voz diferente, un ritmo distinto y que, por supuesto, contara historias bien diferenciadas en el argumento, en el tiempo y en el escenario. Y así se va perfilando la selección. Contaba en un principio con nueve cuentos que cumplían mis deseos. Una vez conforme con la selección y con las razones que argumentan su unión en un solo libro, continué escribiendo, ahora ya con una sombra de intención. Así nacieron otros cinco relatos.
Ahora sale a la calle con catorce cuentos el libro Mal momento, y estoy conforme.
© Manuel López Rey
Publicado en INéDITO el 25 de agosto de 2009
De cómo escribo o acerca de una poética del cuento
No creo que a estas alturas me encuentre en condiciones de hablar de una técnica, y menos aún de un estilo. Acaso porque si lo hiciera, si tratara de definir técnica y estilo en mi escritura, estaría perdido para siempre. No atisbo indicador alguno de lo que voy a hacer, y tampoco lo quiero. Escribir es en mí, acaso a partes iguales,
pasión y necesidad. La pasión me ilusiona, me entusiasma, incluso puede por instantes alzarme hasta el encantamiento. La necesidad, es obvio, me obliga, me tortura y también puede, por un tiempo mucho más extenso que el instante, hundirme en la desesperación y la agonía. Esta dualidad, aseguran, es común a toda acción creativa. Ni en esto quiero afirmarme, pero por Dios que lo he vivido.
Como cuentista (probablemente yo lo sea en todas las acepciones de la palabra) conozco las características que definen el cuento como género literario. También soy un empecinado lector de cuentos. Y de todo lo que se haya escrito sobre ellos. Conozco por tanto las condiciones que han de cumplir para serlo; conozco las diversas teorías al respecto; incluso soy capaz de leer consejos de los maestros: casi siempre me asombran (o lo que me asombra es su osadía). Pero sí reconozco que un escritor, si quiere ser cuentista, ha de hacerlo: ha de conocer por supuesto su definición como género literario y también la opinión de críticos especializados. Y sin duda alguna ha de leer todos los que sea capaz.
No niego por tanto que tengo una técnica. Pero lo importante es que nunca la aplico a la hora de escribir. La técnica ha de nacer con la escritura, nunca ser previa a ella. La técnica, no solo aquí si no en cualquier otra disciplina artística, es conocimiento imprescindible, pero nunca corsé que limita: las reglas son fundamentales para, una vez conocidas, saltárselas. Y si estamos con McLuhan en que el medio es el mensaje, aquí el medio es el lenguaje, por lo que un escritor no puede renunciar nunca a la excelencia en el conocimiento de la lengua en la que escribe. Un conocimiento que ha de ir más allá de la gramática o de la semántica; que ha de alcanzar ámbitos sociológicos, históricos, incluso antropológicos y psicológicos del lenguaje como medio de expresión y comunicación humanas.
Desde ahí escribo yo. Y luego está la Literatura. Arte en cuanto creación; creación como aportación nueva al significado primigenio; como acción transformadora. Arte porque reescribe la escritura, reinventa el lenguaje, para decubrir posibilidades ocultas que van más allá de su alcance como medio de comunicación: es así como aparece la música, la intención escrita del habla; sólo a través de la literatura se descubre que el lenguaje desvela al personaje que toda persona supone (<<Descubrir una voz es inventar un personaje>>, Borges). El gran problema de la literatura está por tanto en el medio del que se vale. El escritor, a diferencia del pintor, escultor o músico, se sirve de palabras, y éstas son las mismas que el hombre usa para comunicarse, para expresar sus intenciones, ideas o sentimientos sin ninguna intención creadora, sin hacer literatura. Por todo esto, el lenguaje es Literatura, el habla es arte, por la intención. Solo por eso.
Y lo confieso: intento hacer Literatura. Me interesa la música del cuento, a la que en ocasiones supedito otros criterios. Me interesa el conflicto, que trato de exponer en el primer párrafo. Me gusta el adjetivo cuidadoso, el que hace más preciso, recortado, si es posible exacto, el significado del sustantivo. Me preocupa la voz, el punto de vista. Sin ellos, sin narrador, no hay cuento. De los posibles finales me quedo con el cerrado: si puedo, no prescindo del impacto. Y solamente hay una regla, norma o característica del cuento como género que respeto: la extensión. Y es que la única definición de cuento literario que comparto es la que hace referencia al tiempo necesario para su lectura: el cuento es todo relato que, por su extensión, puede y debe ser leído sin interrupción.
La extensión de mis cuentos la marcan ellos mismos, pero, y porque ya han nacido como cuentos, ésta siempre cumple lo dicho anteriormente y de ninguna otra manera han de leerse.
© Manuel López Rey
Publicado en INéDITO el 27 de agosto de 2009
El atraco
de Manuel López Rey ( Mal momento, Mil Libros Narrativa, 2009)
¿Lo has entendido?
Sí.
Cómo dices.
Que sí, joder, que lo he entendido.
Qué te pasa.
Nada.
Cómo que nada ¿Por qué no me miras?
Estoy nerviosa, y asustada.
Yo también estoy nervioso, ¿y qué? No puedes estar asustada, tienes que estar segura, ¿lo entiendes? Segura, muy segura, si no la vamos a joder. ¿Qué dices?
Nada.
Cómo que nada. A ver, ¿lo tienes claro?
Que sí, coño, que sí, que lo tengo claro.
A ver...
Aparcamos en la esquina, justo al final de la acera, para que no pueda estacionar ningún coche delante. Entro en la joyería. Sola. Tranquila. Sí, ya sé, muy tranquila y sonriente, muy segura. Poso la maleta. Buenos días. Buenos días. Verá, quisiera llevarle un regalo a mi madre, unas perlas, zafiros..., no sé, algo apropiado para una señora de su edad, ella sale poco, ¿sabe?, algo bueno pero discreto. Con perlas tenemos trabajos preciosos, ¿quiere verlos? Por favor. ¿Ha pensado en cuánto quiere gastarse? Pues no, la verdad, enséñeme algo y ya veremos. Saco del bolso el espejito, me retoco el maquillaje, ausente, segura. Sí, ya sé, muy segura, no me lo repitas por favor.
Entras tú. Buenos días. No reacciono, sigo mirándome en el espejito. Buenos días caballero, enseguida estamos con usted. No te miro, guardo el espejo en el bolso. Paseas observando las joyas expuestas. El joyero se dirige al fondo para avisar al otro empleado. Sacas la media del bolsillo de la americana, te cubres la cabeza con ella para impresionar y me sujetas por detrás con el filo de la navaja en mi cuello. Agarro tus manos para defenderme y hago explotar la primera bolsa de sangre. Corre por mi cuello. Bajo las manos hasta el primer botón de la blusa y explota la segunda bolsa, estoy empapándome en sangre. No grito, casi susurro: No, por favor, no me mate. Miro directamente a los ojos del joyero. Le suplico ¡Por favor, por favor, que no me haga daño! Sin soltarme, coges la maleta que está a mi lado, la colocas sobre el mostrador, la abres, sacas todo de su interior esparciéndolo por el suelo. Observo asustada, dolida por mis cosas tiradas por ahí. Impresionamos al joyero. Le ordenas que no se mueva ¡O la mato aquí mismo! El otro empleado debe hacer lo que dices. Recogerá todas las joyas de los expositores y las colocará en la maleta vacía. Lo miraré todo con los ojos desorbitados, asustada. De vez en cuando al joyero, con súplicas. ¡Que no me haga daño! ¡Por favor, que no me haga daño! Coloco una mano en el pecho para que la sangre la cubra, respiro apresuradamente para aturdirlo, y lo miro fijamente a los ojos. No se moverá.
Me arrastras hacia la puerta del fondo. ¡Las llaves, vamos las llaves! Entren ahí. ¡Vamos, deprisa! Los encierras en la trastienda, los dejas amordazados y tirados en el suelo. Coges la maleta mientras me cubro con el chal el cuerpo lleno de sangre. Salimos rápidamente pero sin correr y huimos en el coche. Lo habíamos dejado abierto y con las llaves en el contacto.
Se fue animando mientras repasaba el plan en voz alta. Y vistiéndose. Él se dio cuenta de que estaba preciosa. Tenía clase. Como a él le gustaba. Una chica valiente y con clase. Se lo había oído decir a su madre, Una mujer no vale nada si no tiene lo que hay que tener, si no está dispuesta a todo por ti, pero sin perder el orgullo de ser mujer. Y ahora era más mujer que nunca, con el pecho sofocado bajo la blusa de seda blanca, retenido en el encaje inmaculado del sujetador. Él no pudo evitar abrazarla y lo hizo desde atrás rodeándole con un brazo la cintura. Luego bajó la mano hasta los muslos sin perder la piel apartando los pantys transparentes. Ella no dijo nada. Siguió respirando profundamente como si la meciera el fuerte vaivén de su pecho encorsetado. La deseó tanto que creyó que iba a derramarse entre sus muslos. Se abrazaron hasta el suelo y la poseyó con locura, como cuando era un chiquillo y temblaba entre las piernas de la Dori. Le hizo el amor con urgencia, trastornado, electrizado por bocanadas de placer que lo ahogaban, sin reconocerse.
Ahora se vistieron deprisa, como intentando guardar bajo la ropa aquel olor de sus cuerpos. Ella cogió la maleta y se retocó ante el espejo, él guardó el revólver a la espalda sujeto por el cinto, junto a los riñones, y salieron.
Casi no oyeron las sirenas con el ruido del motor. El coche rugía como si fuera a reventar. No les dio tiempo de hablarse y ya estaban paralizados por el miedo. Les seguían de cerca un par de coches, luego se fueron uniendo otros de la policía local. No sabían hacia dónde huir. Él sólo pisaba el acelerador a fondo y se agarraba con todas sus fuerzas al volante. Un decorado desconocido y cambiante se deslizaba ante el parabrisas a una velocidad que ella creyó que iba a vomitar. No pudo esquivar el quiosco. Ocupaba el borde de la acera en la curva. El cuerpo de ella rebotó contra el salpicadero y volvió a acomodarse en el asiento, como una pluma ensangrentada. ¡El cinto! ¡Ponte el cinto y agárrate fuerte! Ella le hizo caso y abrochó el cinto con un movimiento automático, mientras el sonido de las sirenas y de los neumáticos de los coches aturdían su mente. El coche alcanzó la autopista y él creyó de repente que el mundo se abría ante ellos y que iba a parar de sudar, pero los otros coches estaban cada vez más cerca y los gritos anaranjados de las sirenas lo transportaron a un espacio sin control, donde no existía nada conocido, y nada hizo cuando el coche voló desde el puente. Todo se detuvo en un instante, solo rubíes, brillantes y perlas rodaron un tiempo por el suelo. Vio la cabeza de ella descolgada sobre el pecho, rota, y cómo una corriente de sangre inundaba su cintura y bañaba sus muslos descolocados. Una sangre cierta se mezclaba ahora con la otra fría de las bolsitas de efectos especiales que guardaba bajo el encaje del sujetador. La miró a los ojos y supo entonces de la ausencia que no podría soportar. Cogió el revólver que se le pegaba a la espalda y antes de que le alcanzaran las miradas de los hombres armados que le apuntaban parapetados alrededor, disparó. Lo último que sintió fue algo parecido a una oleada de calor, a pesar del frío del acero del cañón de su revólver en el cielo de la boca.
© Manuel López Rey
, 2001
© Mil Libros Narrativa, Madrid, 2009
Publicado en INéDITO el 21 de agosto de 2009
Génesis del cuento Malas noticias

© Daniel Font, 2008
En la foto la Sierra de Segura. El pueblo que se descuelga, Segura de la Sierra. Está tomada desde la cumbre del Yelmo, cerro símbolo de la comarca, formado por un enorme sinclinal en materiales jurásicos y cretácicos, por lo que esta sierra millonaria en años también lo es en tesoros arqueológicos. Lo sé de buena tinta. Me lo cuenta un geólogo que ha hecho en ella importantes hallazgos. Además es un artista. Dibuja, pinta, esculpe en piedra y talla madera. Le gusta el flamenco y últimamente la percusión le hace perder la cabeza (o encontrarla). Es Manuel Damián, y lo quiero muchísimo.
Un día en su estudio rebuscando entre cajones para mostrame un fósil, apareció el cuadro. En un principio no creí que fuera suyo, por lo lúgubre, cuando Manuel es colorista y vivaz en su pintura. Pero me aseguró que sí, que lo había realizado hace tiempo. En el cuadro aparecen retratadas dos personas que miran al frente. Asustan. Son Lino González Castillo, vecino del Parolís, y su mujer. Cuando yo descubrí el cuadro estas personas ya habían muerto. Y es precisamente así, muertos, como parece que fueron retratados. Lino tiene un ojo perdido, blanco. Con el otro mira fijo al frente desde la oscuridad del lienzo. Su mujer tiene casi del todo borrada la mirada. Manuel empezó a contarme la historia de este personaje de su cuadro. Me contó que conocía la Sierra como nadie y que en algunas ocasiones se hacía acompañar de él en sus largas caminatas, que juntos exploraban el terreno. Y que un día Lino le aseguró que en dos ocasiones, una presencia luminosa se le había aparecido. Nada más supe de la vida de Lino.
Cuando llegué a mi casa, inventé lo que no sabía y escribí Malas noticias.
(El cuento Malas noticias aparece publicado en el libro Mal Momento, Mil Libros Narrativa, 2009)
© Manuel López Rey 
Publicado en INéDITO el 21 de agosto de 2009
Cartel promocional de Mal momento

© Manuel López Rey
Ya llegaron los ejemplares de la segunda edición de Mal momento. Y continúa vendiéndose muy bien. La verdad es que amigos y compañeros se están portando muy bien conmigo. A todos, mi agradecimiento.
También he terminado el diseño del cartel promocional del libro. Lo tenía un poco atragantado. Una vez que tengo la idea del cartel, los textos que han de aparecer, y realizo unos apuntes, el resto del trabajo me resulta aburrido.
....... Probablemente porque estoy acostumbrado a que esa parte del proceso lo realicen otras personas mientras yo superviso resultados. Eso ocurre en mi trabajo, pero como este proyecto de edición es totalmente personal, me vi en la obligación de realizar la totalidad del cartel, incluidas las fotos del libro y del paisaje.
Y estoy conforme.
En él se abunda en la idea de la foto de portada. Por una parte porque considero que en publicidad es recomendable la repetición de una misma imagen, de una misma idea. Por otra, porque sigo de acuerdo con lo que aquí significa "el gorila que piensa"; y aparece en blanco y negro, bajo el paisaje, además de por razones estéticas del cartel, por su simbolismo como la parte oculta del hombre; el inconsciente o "el mundo en la sombra"; lo que está debajo, aquí, de la piel de la tierra, en el hombre, detrás del consciente o escondido entre los millones de células que configuran nuestro cerebro, y por tanto, a nosotros mismos.
© Manuel López Rey 
Publicado en INéDITO el 27 de septiembre de 2009
Entrevista publicada en la revista La Voz
2ª quincena/septiembre/2009

Muchos lectores de La Voz conocerán a Manuel López Rey por su trabajo como técnico de cultura en el Ayuntamiento de Algete, donde lleva veinte años y desde donde ha puesto en marcha infinidad de eventos (conciertos, verbenas, exposiciones, cabalgatas, presentaciones oficiales, etc.), algunos de creación propia y que, por la buena acogida que obtuvieron, han quedado instaurados definitivamente y ya forman parte de la tradición algeteña. Pero no es por ninguno de estos motivos por lo que ahora aparece aquí. La noticia es nueva y nos descubre otra faceta de esta persona: la de escritor. Y es que acaba de salir a la venta el primero de sus libros, Mal momento, sobre el que hablamos con su autor, aunque podríamos hacerlo de otras muchas cosas, “pero es que a mí me ocurre lo que a Umbral, que a lo que yo he venido aquí es a hablar de mi libro”, nos aclara riendo.
—¿Qué es Mal momento?
—Es un libro que contiene catorce cuentos, cada uno con entidad propia, y que por tanto pueden leerse por separado, pero que a su vez cuentan con lo que podríamos llamar un hilo argumental, o un asunto común, que otorga unidad al conjunto. Podría leerse entonces como una novela coral.
—¿Cuál es exactamente o en qué está basado ese sentido de unidad?
—Bueno, se dice en el propio título de libro. Todos los cuentos indagan en el mal momento, en ese instante que cualquiera podemos tener y que nos cambiará la vida para siempre. En realidad creo que todos los momentos tienen esa facultad de cambio, lo que ocurre es que sólo pensamos en ello cuando el cambio es a peor, y aquí lo es.
—¿Quieres decir que a ninguno de tus personajes les ocurren cosas buenas?
—Sí, claro que también les ocurren cosas agradables y positivas como a todo el mundo, llevan vidas normales, lo que pasa es que escribir es elegir, y a mí me interesan mucho más los malos momentos, o como se dice en el prólogo del libro, “el instante que golpea”. Y con esto no quiero decir que esté de acuerdo con que de lo malo siempre se aprende. Al contrario, creo que para aprender no es necesaria la desgracia; como no creo que las personas a las que les van bien las cosas hayan de ser imbéciles.
—Lo cierto es que cuando se termina la lectura de Mal momento, uno tiene la impresión de que todos estamos marcados por un destino contra el que poco podemos hacer ¿Es eso lo que piensas?
—No. Creo que el destino no es más que un guión de vida que nos esforzamos en cumplir. La clave está en cambiar el guión, en librarse de él, en desaprender. Sólo es posible crecer desaprendiendo, y el ser humano sólo se convierte en persona cuando asume la completa responsabilidad de su vida, cuando es el único autor de su guión vital.
Como puede apreciarse en esta entrevista, Manuel se torna profundo cuando habla de este libro, y es que así es su literatura, honda, así son las historias que cuenta, historias que trascienden. ¿Es así todo lo que escribes?, y por cierto, ¿desde cuando tu afición a la literatura?
—Sí, es así porque me interesa escribir sobre la naturaleza humana, y todos sabemos que es singular y complicada, muy complicada. ¿Desde cuándo la escritura? Bueno, recuerdo que haciendo el bachiller, con 15 o 16 años, gané un premio convocado por el entonces Ministerio de Educación. Por cierto que de aquella estaba Luis del Olmo en Radio Juventud y me llamó para que leyera el cuento en antena. Recuerdo sobre todo la vergüenza que pasé. Más tarde, ya en Madrid, también se me otorgó un premio por el guión cinematográfico de un corto. Quiero decir con esto que escribo desde hace muchos años, pero sólo desde hace diez u once años que lo hago de forma continuada, con verdadera dedicación.
Ya sabemos algo más sobre este Mal momento y sobre su autor. Ahora queda que lo compren y lo lean. No se aburrirán, garantizado, y vale la pena pasar estas páginas de auténtica literatura.
© La Voz 
Publicado en INéDITO el 29 de septiembre de 2009
Entrevista publicada en la revista CRÓNICANORTE
Noviembre 2009 / Año 3, nº 32

Si Vd es vecino de Alcobendas o de Sanse, tal vez esta cara y este nombre no le suenen, pero en cambio si Vd vive en Algete y no le conoce, es que ha hecho poca vida social en esta localidad. Manuel siempre detrás de la actividad cultural, muchos años en el Ayuntamiento trabajando en algo que le gusta. Su pasión por las cosas no deja indiferente a nadie. Ahora Manuel nos muestra su lado más íntimo. Acaba de publicar su primer libro de relatos titulado "Mal momento".
Estamos seguros que este libro no le va a dejar indiferente.
¿Quien está detrás del Manuel que conocen los vecinos? ¿Del Manuel pregonero? ¿Del Manuel organizador? ¿Del Manuel público? ¿Hay persona y personaje?
Yo diría que toda persona lleva implícito un personaje, y viceversa. Persona es una palabra que etimológicamente significa máscara, personaje teatral. Y aunque creo saber a qué te refieres en la pregunta, puedo asegurar que en mi caso persona y personaje se aproximan tanto que se confunden; quiero decir que no se contradicen ni se excluyen, que no represento en ningún momento un personaje sustancialmente diferente a mi persona. Indudablemente, por las características de mi trabajo, por el aspecto público del que hablas, ha de haber hasta una profesionalización de la actitud, un rol, pero para que este sea auténtico ha de surgir de la propia persona, y en mi caso lo es. Considero que cuando hay diferencias profundas entre persona y personaje, hablamos de una patología.
¿De dónde y por qué le sale a Manuel Lopéz Rey la vena de la escritura?
Supongo que toda vena es innata. Desde siempre he sentido una especial fascinación por el lenguaje. La escritura vino luego como una consecuencia lógica y en ella he descubierto una herramienta de expresión artística que me satisface. Pudiera decir que me curo de vivir en lo que escribo.
Mal momento… ¿Un titulo muy apropiado para los tiempos que vivimos no Manuel----de que nos habla este libro?
Pues la verdad es que no habla de un momento concreto del calendario. Lo hace del instante, más o menos largo, que puede ocurrir en la vida de cualquiera y que, sin que pueda hacer nada por evitarlo, le cambiará la vida para siempre. Creo que en literatura hay un solo asunto: el hombre. Y a mí me interesa de la condición humana todo aquello que resulta imposible manejar, aun cuando vivamos con la creencia de ser dueños absolutos del acontecer que nos es propio.
¿No somos dueños ninguno de nuestros destinos….?
No creo en el destino como algo a priori en la vida del hombre; considero que es el hombre el que vive tratando tercamente de cumplir un destino. Por lo tanto sí, somos dueños de nuestro destino en cuanto responsables de nuestra vida. Luego, claro, puede llegar un mal momento… Y de eso precisamente trata mi literatura.
Una canción de los años 80 decía "Malos tiempos para la Lírica" ¿Que tiempos vivimos ahora para el arte en general?
Malos. La civilización está pasando por un mal momento. Ahora prevalece el papanatismo y la ignorancia; no se premia el verdadero conocimiento, y menos aún el talento. El arte es también una industria y en ella conocimiento y talento son valores de cambio, se miden en resultados económicos o de poder. Se hace mala pintura, mala música, mala literatura…, pero mientras las ventas resulten satisfactorias lo esencial no importa. Afortunadamente, como en todos los momentos de la Historia, hay excepciones.
© CRÓNICA NORTE 
Publicado en INéDITO el 9 de noviembre de 2009
Entrevista en RADIO BIERZO/Cadena SER
Emitida en directo el 18 de enero de 2010
Durante mis vacaciones de invierno me acerqué a Ponferrada, mi ciudad natal. Tuve entonces ocasión de presentar Mal momento a los medios; de ahí salieron estas entrevistas en radio y la noticia en prensa. Gracias a todos.

© Radio Bierzo / Cadena SER
Publicado en INéDITO el 20 de enero de 2010 de 2009 
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Noticia en Diario de León

© Diario de león
Publicado en INéDITO el 22 de enero de 2010 de 2009
Entrevista en ONDA BIERZO/Cadena ONDA CERO
Emitida en directo el 15 de enero de 2010
Por su extensión, aparece aquí dividida en dos partes:
1ª parte
2ª parte
© Onda Bierzo / Onda Cero
Publicado en INéDITO
el 7 de febrero de 2010 
Entrevista en AJíCARA
Publicada en el nº 5 febrero/marzo de 2010
Revista cultural
De vacaciones me topé con AJíCARA, una revista que se distribuye en el levante almeriense. Me sorprendió su esmerada edición y me puse en contacto con sus autores para felicitarles por su trabajo. Luego vino lo demás. Ahora, en su número 5 correspondiente a febrero/marzo, AJíCARA publica en sus páginas una entrevista que me dedican con motivo del libro Mal momento.
También, en la edición on line de la resvista, aparece publicado uno de los relatos del libro, Viaje a Lisboa; allí se puede leer y comentar (pincha en el logo).
© AJíCARA Revista cultural
© del relato, Manuel López Rey
Publicado en INéDITO el 10 de febrero de 2010
